Esta vez voy a echar las cortinas para proteger éste habitat. Todo el mobiliario está empapado de rutina y es algo que quiero conservar. Vengo a devolverte partes que no encajan en el plan. No me obligues a explicártelo, si tú ya lo sabes. No te gustan las historias inconclusas y difusas, pero no te atreves a largarte ni a elegir entre tus musas. Ve, si hay doblete de poetas, yo mejor me quedo fuera no sea que me queme con tanta intensidad. Juro que no es por orgullo pero si me voy seguro que no voy a volver, así que no me esperes, ni te esperes que te espere yo.
jueves, 23 de agosto de 2012
jueves, 2 de agosto de 2012
Sin salida
No sé si estoy aquí o allí, no sé si estaba bien ayer, no sé,
puede ser que sí. Tengo la misma sensación de cuando llego hasta el final de un
camino estrecho y luego no hay salida, tienes que volverte marcha atrás y sólo con
moverte ya molestan los demás que no quieren saber qué hay al final ni que se
lo digas. Tengo la misma sensación de cuando estoy casi dormida, que todo me parece
bien hasta empezar la pesadilla, no puedo despertarme porque no estoy dormida,
no quiero acostumbrarme, vuelvo a estar tan confundida, tendré que acurrucarme
y esperar en una esquina a que se haga de día y ya no esté perdida, que no esté
tan dolorida para reconciliarme con mi vida, quiero recuperar mi vida,
reconciliar mi vida.
jueves, 26 de julio de 2012
La fuerza de un instante
No voy a olvidar lo mejor para evitar lo peor; me niego. Lo
bueno siempre permanecerá. Todo pasa y todo queda. Ese punto justo entre querer
y no poder, entre quererte sin querer; lo que nunca y siempre pretendí hoy se
vuelve contra mí. Y ahora tengo que aceptar que volvemos a sumirnos en la
oscuridad cuando estuvimos, cuando estuve tan cerca de la luz en ausencia de
ventanas. Creo que ha llegado la hora de la despedida por un tiempo y dar
vuelta a las cosas. Palos y piedras van a reconfigurarme la personalidad, seré
fuerte y recolectaré mis pedazos con más paciencia de lo habitual.
Ojos. Nunca. Césped. Beso furtivo. Palabras. Carita de sueño
mañanero. Batidos. Sonrisa torcida. Ganas de cambiar el mundo. Semáforo. Bicicleta.
Chupitos. Calle. Miradas. Rutina. Rosa amarilla. Escaleras. Fotos. Escalofríos.
Te quiero. Mensaje. Sandwich. Visita sorpresa. Compras. Ahora. Camisa. Concierto.
Lágrima escondida. Un imán, el color azul. Partidos de fútbol. Abrazos de
ciencia ficción. Canciones. Adicciones. Caricias de cine sin película.
Biblioteca. Plancha. Tirantes. Ascensor. Alcohol y resacas. Hasta pronto. Cajones.
Estanterías. Poemas. Libretas. Sentimientos. Horarios. Agendas. Ropa.
Felicidad.
Intento sobrellevar este desorden caótico de mi mente y que ahora
se parece más a un trastero de recuerdos.
Es la fuerza de un instante.
martes, 24 de julio de 2012
Una mañana
Era una mañana de verano, faltaban minutos para que comenzara la reunión, y por el fondo de la calle divisé a dos hombres. Uno alto, el otro más bajo. Uno llevaba un gorro, el otro nada.
A uno de los dos lo conocía, desde hace algún que otro año, al segundo lo iba a conocer esa misma mañana.
Era un chico, de veinti pocos años, como yo. Pelo clarito, sonrisa bonita y ojos morenos que trasmitían una tranquilidad inimaginable. Le saludé, le di dos besos y entramos a la reunión.
Eran las 9 de la mañana, había sueño, pero las ganas de preparar todo ganaban al sueño, al hambre o al cansancio.
No se porque, pero desde el primer momento en el que le vi sentí como si algo en mi interior había cambiado, me decía no te alejes de él. Me transmitía mucha tranquilidad, pasión en lo que hacía, y sobretodo buen rollo.
Y no me equivoqué. Pasé junto a él ocho días inmejorables, insuperables, lo conocí un poquito más, me conoció un poco más y me conocí yo un poco más también. Supe donde estaban mis límites, pero hacía él, estos límites desaparecían, la timidez que tenía hacia los demás con él desaparecía. Era como si nos conocieramos de toda la vida, pero había algo entre los dos. Ahora lo podríamos llamar que había una tensión sexual no resuelta.
Tras esa semana seguimos quedando, y esa tensión, a mi parecer, fue en aumento. Pero no paso de ahí. De una amistad forjada en un viaje, en un tremendo viaje, del cual tardaremos en olvidar.
Yo me sigo acordando mucho de ese viaje y de él, es una persona a la que nunca olvidaré, aunque vayamos por caminos diferentes siempre tendré algo que contarle.
Porque siempre serás tú, porque siempre seremos nosotros. Nuestra amistad por encima de todo.
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